MATÍAS DEBUT, UN FUTBOLISTA QUE NUNCA BAJÓ LOS BRAZOS

Nació un 17 de julio de 1990, se llama Matías Debut, y, cumplió el sueño de ser futbolista. Hoy su presente lo vincula al deporte, pero en un rol que poco imaginaba.

Matías hizo las divisiones inferiores en Banfield, desde la pre-novena hasta la 5ta. División; aunque terminó por quedar en libertad de acción.

No estaba dispuesto a darse por vencido y tomó la decisión de probar suerte en Temperley; y quedó.

Estuvo 6 meses en 4ta división y a partir de allí el “sueño del pibe” estaba bastante cerca de cumplirse cuando, en el 2011, lo convocaron para entrenar con la primera división.

Ese año debutaría frente a Morón; el técnico celeste era Guillermo Duró; al principio como suplente y luego ya de titular en varios partidos.

En el año 2012, con el “Chaucha” Jose María Bianco conduciendo el primer equipo del «Gasolero», llegaría el baldazo de agua fría: en la primera fecha estaba previsto que ocuparía un lugar en el banco de los suplentes, pero sufrió una parálisis facial y, si bien pudo recuperarse, tuvo luego que reponerse de una fractura del quinto metatarsiano.

Nueve meses para volver a jugar y ya no fue lo mismo.

Matías terminó dejando el fútbol; él mismo se encarga de recordarlo al señalar que “me costó mucho, muchísimo dejar el fútbol, tanto que me iba a jugar a la Liga, porque no podía soportarlo; estuve como cinco años para sacarme las ganas, poder procesarlo, asumirlo”.

Lejos de bajar los brazos, Matías decidió sobreponerse.

Siempre le había interesado el tema de los masajes, de hecho, en sus tiempos de jugador iba al masajista cada vez que lo necesitaba.

El colegio había quedado “colgado”, por culpa de las obligaciones futboleras; decidió retomar y finalizar sus estudios, e iniciar cursos de masajes, mientras trabajaba.

Sobre aquellos tiempos de cambios y decisiones, nos cuenta que “yo siempre pensé que para ser alguien en la vida había que estudiar, más allá de como a uno le fuera en lo deportivo; la carrera del futbolista es corta y si te pasa como me pasó a mí, más corta todavía”.

Matías, hoy, con varios cursos y capacitaciones encima, cursa kinesiología y fisiatría en la Universidad Abierta Interamericana (UAI); ya tiene su propio consultorio, en Temperley, y trabaja en el club Tristán Suárez, con el plantel de primera división.

Y mira el futuro con esperanzas, con expectativas y con “una idea, enfocada principalmente en el trabajo con los masajes y la kinesiología, que te brinda a su vez, mucho rédito en lo deportivo. Siempre, ya de jugador, sentía una vocación por cuidar a la gente, ayudarla; tuve compañeros que tuvieron lesiones serias (en rodillas, ligamentos cruzados, entre otras) y, en lo personal, me surgía naturalmente el interés por saber cómo podía enfocarme y colaborar en la rehabilitación de esas personas”.

Matías Debut, así en la cancha como en la vida; otra cara del fútbol nuestro de cada día: un ejemplo de superación.

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