A-MARTE, UN FESTIVAL CREATIVO Y UNA HISTORIA DE VIDA EN LOMAS

La joven lomense Daiana Ercolino nos cuenta todo sobre lo que fue la primera edición de un evento solidario muy concurrido.

15697260_10211142832543858_4956601217771253732_nFue mucho más que un festival de arte. Fue una fusión de música y danza, pero también de solidaridad, colaboración, desinterés, perseverancia y amor, mucho amor. Todo eso se trasluce en el nacimiento y la concreción de A-Marte, el evento artístico que se realizó a fines de diciembre pasado en Lomas de Zamora y que es una linda historia de las que se encuentran dentro de la comunidad lomense.

La encargada de la narración es Daiana Ercolino, creadora y propulsora de “A-Marte, Festival Creativo”, que se realizó en la noche del 23 de diciembre en un club de arte de Banfield. La idea original, pergeñada desde siempre por ella y su novio Emmanuel, era juntar la danza con la música, disciplinas a las que dedican respectivamente. Aquella concepción empezó a tomar forma en 2016, a partir de cambios en su grupo de alumnas de danza: “Me fui de donde daba clases anteriormente, las chicas se vinieron conmigo y, ya en un nuevo lugar, quería armar un pequeño show para que ellas pudieran mostrar lo que habían hecho en el año.”

A mediados de año, el show mutó en ese festival que venía postergado, con la inclusión de la parte musical y la elección del lugar. Recuerda Ercolino: “Empecé a imaginar qué se podía hacer; pedí ayuda a amigas que cursan conmigo danza en Capital Federal y de repente aparecieron muchísimas personas que ayudaron en un montón de cosas: el marketing del evento, cómo posicionarlo en redes sociales, qué contenido poner en un flyer… Yo creía al principio que era el show y nada más”. Colaboración, el primer valor agregado que se suma a la historia.

Pronto, la solidaridad. Es que, por cuestiones de agenda cargada en la sede del festival, la fecha disponible era el 23 de diciembre, en las puertas de la Navidad. Una época quizás complicada por la cercanía de las Fiestas, tanto desde lo económico como desde la disponibilidad de tiempos, pero eso no detuvo a la energía del festival. Y justamente, por estar la Navidad en puerta, qué mejor que ayudar: “Con la entrada, pedimos una colaboración de alimentos, juguetes o ropa, para llevarlas luego a un hogar o un comedor. También agregamos sorteos navideños para los que fueran al festival”. Las donaciones recolectadas, que fueron muchas, se entregaron al Hogar de Niños Leopoldo Pereyra unos días después de la Navidad.

De regreso en la cronología, el festival ya tenía lugar, fecha, protagonistas y programa. Era tiempo del nombre. “Estoy muy enamorada del Universo, entonces pensamos en relacionarlo. Surgió A-Marte, porque es una referencia a viajar al planeta, también al arte, también al amor”, explica Daiana. Ahí, explotó el espíritu de desinterés, de dar sin esperar nada a cambio, que ya venía latente: “Siempre fui autosuficiente, pero me di cuenta de que no iba a poder. Mis amigas y mucha gente me brindaron mucha ayuda, en más cosas como el diseño del logo, del slogan, luces, sonido, ambientación del lugar, los premios de los sorteos. Cada uno se dividió tareas, invertimos nuestros ahorros y en octubre y noviembre trabajamos un montón.”

En ese entonces, llegó un cimbronazo de los más duros, cuya mejor forma de consignarlo es en boca de ella: “Días antes del festival, falleció mi papá. Fue una de las personas que siempre me impulsó a que siga mis sueños. Lo habían operado del corazón en noviembre, tuvo muchísimas complicaciones en diciembre y a mí eso me había dividido en dos: por un lado, estar bien para el festival, para mostrar que era amor, era arte, era ayudar al otro; por el otro lado, estaba devastada, porque no sabía qué iba a pasar con él. En un momento, no podía más, pero mis amigas y mis alumnas me contuvieron y pusieron más de ellas para armar todo. Falleció una semana antes del festival. Sentí que era una prueba enorme que el Universo ponía en mi camino, que tenía que aprender de eso. Decidí hacer el festival igual. Él quería que lo hiciera, una de las últimas cosas que me dijo era que siguiera adelante pasara lo que pasara”. Perseverancia.

Llegó el día del evento y todo transcurrió sobre ruedas. “Fue mágico”, rememora Daiana, aunque admite: “Me hubiera gustado disfrutarlo más, estaba muy nerviosa. Se dieron varias trabas el último día, pero finalmente salió hermoso. Mis amigas la rompieron bailando, mis alumnas también. Surgieron muchos percances en el camino y había que tener en cuenta demasiadas cosas, pero por haber sido la primera vez, sentimos que fue todo muy bien.”

“Nos encantaría volver a hacerlo”, apuesta Ercolino, ya en el cierre de la historia. “Queremos difundir el arte, mostrar gente a la que le gusta bailar, sin necesidad de que sean famosos para poder hacerlo. Sabemos lo que cuesta llegar. El hecho de poder generar ese espacio, y a la vez ayudar con la entrada a gente que lo necesita, es nuestra manera de regalar algo al mundo. No sé si es nuestro propósito, pero es un camino”, completa, sobre esta luz en forma de festival que brilló la Navidad pasada y que, quizás, pronto vuelva a hacerlo.

COMPARTIR

MÁS NOTICIAS